PDI Y RESPONSABILIDAD CORPORATIVA: POR QUÉ LAS JERARQUÍAS CAMBIAN EL FRAUDE Y CONTROLAN LOS RESULTADOS
Comprenda cómo las jerarquías corporativas y las configuraciones de PDI alto influyen en el riesgo de fraude y la eficacia del control interno.
Los reguladores y auditores reconocen cada vez más la PDI como un factor contextual que impacta el cumplimiento normativo y la gobernanza. A medida que las estructuras corporativas se globalizan, las organizaciones deben adaptar políticas internas que tengan en cuenta estas dimensiones culturales. Por lo tanto, los marcos de gobernanza deben ser locales, pero estar basados en estándares, manteniendo la integridad global y gestionando al mismo tiempo los matices culturales.
La PDI no solo moldea los comportamientos dentro de las empresas, sino que también impacta las relaciones externas con reguladores, inversores y otras partes interesadas, que pueden interpretar las señales de cumplimiento normativo o el apoyo a la denuncia de irregularidades de forma diferente. Reconocer e integrar esta comprensión en las estrategias de cumplimiento normativo es esencial para fomentar la responsabilidad corporativa en entornos regulatorios complejos.
La teoría del Triángulo del Fraude —que involucra presión, oportunidad y racionalización— sugiere que la oportunidad es una condición clave para el fraude. Los entornos jerárquicos donde la supervisión es deficiente o está protegida por la cultura organizacional suelen brindar amplias oportunidades para que se desarrolle el fraude. Además, los empleados pueden justificar comportamientos poco éticos si se obstruyen los canales de denuncia o si el liderazgo ético se percibe como performativo.
Las organizaciones que operan en países con un alto índice de desempeño de la empresa (PDI), como muchas en Asia, Sudamérica y África, deben diseñar salvaguardas estructurales adaptadas a estos entornos. Establecer funciones de cumplimiento independientes, plataformas de denuncia anónimas y una mejor supervisión a nivel directivo puede mitigar las tendencias que favorecen el fraude en las jerarquías rígidas. Las empresas multinacionales suelen complementar estas medidas rotando a los responsables de cumplimiento e implementando formación ética intercultural para promover una cultura de gobernanza más transparente.
En estructuras con bajo PDI, los sistemas de control interno suelen estar más distribuidos, y los equipos operativos desempeñan un papel activo en la identificación de riesgos y el mantenimiento de la transparencia. La toma de decisiones es más consultiva, y los procedimientos para la notificación de conflictos suelen ser accesibles y creíbles. Los ciclos de retroalimentación de los empleados mejoran la agilidad de los sistemas internos, lo que facilita la identificación y la gestión de los riesgos en tiempo real.
Para garantizar que los marcos de control sigan siendo eficaces independientemente del contexto cultural, las empresas multinacionales deben adoptar un enfoque dual. Esto incluye la armonización de las políticas con los estándares globales de cumplimiento normativo, a la vez que adaptan las prácticas de implementación en función de las características culturales. Por ejemplo, en entornos con alto PDI, los canales de denuncia digitales anónimos, los defensores del pueblo ético y los mandatos de auditoría externa pueden funcionar como mejoras de control culturalmente sensibles.
Los reguladores y los organismos internacionales de normalización, como la OCDE, la ISO y la IFAC, recomiendan cada vez más modelos de gobernanza sensibles al contexto. Estos modelos priorizan la independencia estructural, el liderazgo ético y la participación de las partes interesadas, lo cual ayuda a compensar las limitaciones inherentes a los acuerdos corporativos jerárquicos. En definitiva, adaptar los enfoques de control para tener en cuenta la PDI mejora tanto la resiliencia organizacional como la confianza pública.