INFLACIÓN DE SERVICIOS: EL COMPONENTE QUE MÁS TEMEN LOS BANCOS CENTRALES
Explore por qué la inflación de servicios es el tipo de inflación más persistente y difícil de controlar, y cómo influye en las acciones de los bancos centrales.
Los costes laborales son el principal impulsor de la inflación de los servicios. A medida que suben los salarios, especialmente en mercados laborales con restricciones, aumentan los costes de prestación de servicios. Dado que los servicios son menos susceptibles a la competencia internacional, los proveedores suelen trasladar estos costes a los consumidores de forma más directa. A diferencia de los bienes manufacturados, los servicios no pueden beneficiarse fácilmente de las cadenas de suministro globalizadas ni de los avances en la automatización, lo que hace que estos aumentos de costes sean más estructurales que cíclicos.
En los últimos años, especialmente en el panorama económico pospandémico, la inflación de los servicios se ha convertido en un desafío particularmente abrumador. Ante la persistente escasez de mano de obra en sectores clave de servicios y la rápida recuperación de la demanda de los consumidores, el coste de todo, desde las comidas fuera de casa hasta el cuidado personal, se ha disparado. A los responsables políticos les preocupa que, si la inflación de los servicios se consolida, pueda desencadenar una espiral de precios y salarios —un ciclo de retroalimentación entre salarios y precios—, especialmente difícil de revertir.En última instancia, la inflación de los servicios sirve como prueba de fuego para detectar presiones económicas subyacentes que podrían no ser tan visibles en los sectores de bienes más volátiles. Para los bancos centrales, la inflación persistente de los servicios puede indicar un sobrecalentamiento de la demanda interna y una mayor contracción de los mercados laborales, lo que los impulsa a indicar o implementar un mayor ajuste monetario mediante subidas de los tipos de interés. Por lo tanto, comprender la dinámica de la inflación de los servicios es crucial para anticipar las futuras decisiones de los bancos centrales y las reacciones del mercado.
Los bancos centrales consideran la inflación de los servicios particularmente desconcertante porque las herramientas tradicionales, como los ajustes de los tipos de interés, solo la afectan indirectamente. El aumento de los tipos generalmente modera la demanda de bienes de forma más inmediata a través de los costes de financiación del consumo y la inversión. Sin embargo, en el caso de los servicios, donde las compras suelen realizarse directamente (es decir, no se financian), este canal es menos eficaz. El canal clave para influir en la inflación de los servicios —la desaceleración del crecimiento salarial— tarda más en materializarse y se manifiesta a través de un enfriamiento económico más amplio que, con el tiempo, afecta al empleo y al poder de negociación.
En respuesta a estas dinámicas, los bancos centrales suelen supervisar de cerca los datos salariales, las cifras de empleo y los índices de gerentes de compras (PMI) del sector servicios. Aun así, con las medidas de apoyo fiscal, las tendencias demográficas y los cambios en las preferencias de los consumidores como contrapesos, controlar la inflación de los servicios sigue siendo un reto matizado y cada vez más crucial en el panorama actual de la política monetaria.
Sin embargo, el efecto de las subidas de tipos es indirecto y de lenta evolución en el caso de los servicios. Esto obliga a los bancos centrales a buscar coherencia y credibilidad. La orientación prospectiva se vuelve crucial: los responsables políticos comunican su intención con claridad para reajustar las expectativas del mercado y la política salarial. Si los hogares y las empresas creen que la inflación se mantendrá alta, actuarán en consecuencia, exigiendo salarios más altos o aceptando precios más altos. Romper este círculo vicioso es clave para controlar la inflación de los servicios a largo plazo.
En algunos escenarios, los bancos centrales también destacan los efectos secundarios. Estos ocurren cuando las subidas iniciales de precios, como el aumento de las facturas de energía, hacen que los trabajadores exijan aumentos salariales, que posteriormente repercuten en los precios de los servicios. Monitorear y gestionar estos efectos es una estrategia central en los marcos de objetivos de inflación. Por ejemplo, el BCE ha citado el aumento de los salarios negociados y los costes laborales unitarios en sus deliberaciones sobre un mayor ajuste monetario.
Las herramientas macroprudenciales también desempeñan un papel complementario. Estas incluyen los requisitos de capital, las normas de concesión de préstamos y las medidas de supervisión. Si bien no están dirigidas específicamente a la inflación, pueden reducir la exuberancia en sectores centrados en servicios, como el sector inmobiliario o el crédito al consumo, que afectan indirectamente los precios de servicios como la vivienda y los seguros.
Las estrategias de comunicación también evolucionan durante períodos de alta inflación en el sector de servicios. Los bancos centrales pueden publicar declaraciones más detalladas, proporcionar datos de inflación desagregados durante las conferencias de prensa e incluso redefinir las métricas fundamentales para transmitir mejor sus perspectivas. Por ejemplo, los bancos centrales podrían centrarse no solo en la inflación subyacente, excluyendo alimentos y energía, sino también en la inflación supersubyacente —excluyendo los rubros ultravolátiles o menos sensibles a las políticas— para afinar su análisis.En resumen, las respuestas a la inflación de servicios son multifacéticas y de largo plazo. Las subidas de tipos por sí solas son insuficientes. El éxito depende de una combinación coordinada de coherencia política, comunicación eficaz para moldear las expectativas y un análisis sólido de datos para anticiparse a los riesgos emergentes. Dado que la inflación de servicios constituye ahora la columna vertebral de la inflación persistente, seguirá siendo central en el discurso monetario durante los próximos años.